Hoy presentamos la columna de Ivan Dessau


La primera aparición de Ivan Dessau en ADC no define su columna o no lo define como columnista. Es solo transmisión de pensamientos, ya veremos. Palabras más de un reportero gráfico que no usa una cámara. Un melómano giramundos que alguna vez nos contará sobre letras, canciones, acordes, otra sobre películas, bares, pensamientos, quizás historias, inventos o lo que quiera escribir que termine en una melodía. Con ustedes monsieur Dessau y su primer artículo no clasificado: Una canción, una tortura.

Una canción, una tortura.
Hace algunos años, hablando con mi hermana sobre el misterio de las letras de canciones, ella me dijo que la poesía es eso que no puede ser expresado con otras palabras que con las que está escrito. Nunca olvidé esta definición, aunque estoy seguro de que ella no la recuerda en absoluto.
Por eso no pretendo describir Preso en mi ciudad con otras palabras que con las que está escrito, sino simplemente compartir lo que me pasa cada vez que la escucho.
Siempre sentí que el narrador de esta canción es un torturador que recuerda con placer morboso la relación que tuvo con una de sus presas. Porque muchas pasaron por sus manos, pero él sólo recuerda a ella. Lo conmovedor es que esta escoria humana tiene, digamos, cierta sensibilidad, porque a diferencia de la mayoría de los torturadores, él no violó, él hizo el amor. Y su víctima ya no llora, o casi ya no llora, porque aún en medio de los tormentos, es capaz de percibir en ellos una ínfima cuota de amor.
Pero así y todo, la idea de tener a nuestra disposición a una persona atada de pies y manos, desnuda, entregada mansamente a que hagamos con ella lo que queramos, genera un morbo que poco tiene que ver con el amor, y mucho (patologías aparte) con el poder. El poder de sentirnos dominantes, el poder de ser dueños de la integridad de otro ser humano, como si practicáramos tiro al pichón con él.
A veces el amor toma formas despiadadas. A veces a uno le toca sufrir maltratos y humillaciones, y al otro gozar con el saberse capaz de ocasionarlos. Pero el tiempo da revancha, y cuando el humillado ya no esté, será el poderoso quien recuerde con tristeza aquellos momentos oscuramente felices.

Preso en mi ciudad - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

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