El robo del milenio, por Ivan Dessau


Uno abre el diario y la mayoría de las noticias son contradictorias, mercenarias, convenidas, mentirosas, patéticas, alienantes, imparciales, ridículas, morbosas, fascistas, tontas, innecesarias. Pero otras veces, muy pocas, son maravillosas. Inspiradoras. Como sacadas de una novela. El robo del milenio es una de esas noticias que merecen transformarse en canción.

¿Qué decir de estos tipos y su obra perfecta, la jugada impecable a la que todo criminal aspira? Admiro su profesionalismo y tenacidad. Se aliaron con un soplón del banco. Se codearon con expertos. Invirtieron mucho dinero. Estudiaron cada paso con la meticulosidad de un cirujano. Me conmueve imaginarlos en algún bulín de Callao, frente al banco, observando los movimientos del personal. Armando cada jugada, definiendo cada rol. Anotando datos, haciendo planos, quizá después comiendo una pizza y hablando de los sueños que se concretarían con el botín. Porque estos tipos no son ladrones de gallinas, son poetas malditos. Románticos que se jugaron los cojones e hicieron lo que todos quieren pero nadie se anima. Con la conciencia del enorme riesgo puesto en juego, y la certeza de que el solo intento está mil veces más justificado que la rutina gris de una oficina. Es puro rock. Y qué bello el gesto final, la frase sobradora, como la firma de un artista estampada en su obra maestra, esa que sabe que perdurará a lo largo del tiempo. En cuanto a los desdichados que perdieron sus ahorros, solo puedo decir que mi admiración por la banda no quita mi compasión por ellos. Pero no es el foco de esta columna.

Ladrones del milenio, brindo por ustedes, donde quiera que estén. Apuesto por alguna ciudad extraña, Saigón o Estocolmo. Disfruten de su heroico botín, semejante empresa convalida el merecimiento. Y si los agarran, no importa. El boquete no se mancha.

Héroes - Fricción (Versión del clásico de David Bowie)



Foto: Online 911

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