Balada para Godoy, por Ivan Dessau


Vuelve a visitarnos este outsider de las melodías con una reflexión profunda y valiente.
A simple vista por el título y el texto podemos decir que se puso más arrabalero que nunca, pero nos sorprende con la canción que recomienda con este relato. Si bien no conocemos a Ivan personalmente, nunca nos imaginamos que en ese playlist que escucha con la ñata pegada contra el vidrio de un sórdido bar suene Kevin Johannsen, y que además mueva la patita mientras le muestra la canción a los demás parroquianos.

Balada para Godoy

Todos tenemos una confesión guardada bajo la manga, lista para endulzar oídos indiscretos. Es que esa es precisamente la gracia de los secretos: algún día serán confesiones. Están para ventilarse, para incomodar, para entretener, hasta para tapar vacíos. Por eso aprovecho para confesar el mío, a riesgo de perder la poca dignidad que me queda.

Me encanta mirar a los travestis. Aclaro que sólo se trata de un placer fetichista que no pasa del voyeurismo. Me resultan tan grotescos, tan exagerados, tan melodramáticos, que mis viejos regresos a casa por Godoy Cruz eran una pequeña gloria nocturna, un dulce consuelo para las penas de cada día. Supongo que algunos recordarán las reiteradas quejas de los vecinos y la decisión del entonces intendente Aníbal Ibarra de mudarlos a los bosques de Palermo. Y ahí se terminó mi placer. Porque ir a los bosques no me da, hay más tránsito que en Microcentro y no quiero mezclarme entre la chusma de vulgares clientes.

A raíz de esta pequeña confesión teñida de nostalgia, decidí escribir un poema dedicado a mi ex calle preferida.

Balada para Godoy

Cómo extraño, Godoy,
las flores que nacían de tus veredas
y la esquina donde doblaba la curva del deseo
ahora que tus adoquines son dientes que cayeron
no me quedan ni las ganas de decir que nada queda.
Mis pies son oídos que escuchan tu llanto
porque bajo esta recia capa de cemento
tus cloacas no pueden ahogar el lamento
de saber perdido tu mágico encanto.

Es que vos también te extrañás, Godoy.

Como una vedette cincuentona
clavás en tus muros las fotos de lejanas glorias
cuando una bola de espejos colgando del cielo
iluminaba tu escenario entre paraguay y honduras.
Actores haciendo de actrices, gozando su tortura
y butacas ambulantes lanzando aplausos y sueños.

Pero el diablo metió la cola en tu esquina
haciendo estallar vidrios de ventanas envidiosas
y creyéndose en derecho de prohibir el deseo
el soez vecindaje salió de las sombras
aliado fue el notable hoy caído en desgracia
que olvidando sus noches de cliente modelo
cerró con candado las puertas del cielo
y sin pedir perdón, mucho menos permiso
arrancó tus flores con gesto sumiso
y llevándolas a un frío bosque, bien lejos
arrojó con ellas cada átomo de tu gracia.


Pero yo no te olvidé, Godoy
por eso hoy volví a tus pagos
y aunque Napoleón me diga que es una locura
me saco esta piedra nostalgiosa del zapato
y poniéndome peluca, relleno y taco aguja
me tambaleo torpemente a través de tu vereda
penetro con suavidad en tu noche cansada
y pido a la luna un poco de luz al asfalto
aunque sólo sea una sombra de tus noches pasadas.


Daisy - Kevin Johannsen & The Nada

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