Las Escondidas - Pez


Pez tiene un valor extramusical muy importante. Y ese valor es la coherencia. Hacen la música que quieren y cuando quieren, sin importarle mucho lo que digan los demás. Con ese gustito a artesanal, a pequeña Pyme que sobrevive entre monstruos multinacionales, gracias al laburo, la constancia, y sobre todo, la pasión. Esto ya es motivo suficiente para que Pez nos caiga bien.
Después está la música. Esa música estresada, tensa, tan eléctrica que electrocuta, ideal como fondo de una persecución policial por Lavalle, entre el ruido de los colectivos y los gritos.

Pero Pez, el doceavo disco de ídem, no es lo mejor de su discografía. Quizá porque los muchachos nos tenían acostumbrados a ir de un disco a otro como si fueran polos, y este se pega bastante a El Porvenir, su trabajo anterior. Con canciones aún más directas y una voz más al frente, lo cual ayuda a escuchar esas letras combativas que se llevan de perillas con la actitud de la banda. Pero la sensación es que esta vez la urgencia por editar les jugó en contra. Sin embargo, y como siempre, hay cosas para rescatar. Y es el caso de Las Escondidas, puro fuego rocker que suena coyuntural entre tanto juicio a genocida expropiador “Todo este tiempo te estuve buscando y no pude encontrarte, sigo contando y no hay piedra que libre el dolor de no hallarte, sacudan al niño que sigue buscando treinta años más tarde".

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