La humillación, por Ivan Dessau


Llegó a su casa y la encontró con otro. No dijo nada, ni apuñaló a nadie, ni pensó que el hombre no es culpable en estos casos. Sólo le pidió al gavilán que antes de irse le dejara 50 pesos a la adúltera. El otro lo hizo, mitad por verguenza y mitad porque el desnudo siempre obedece al vestido.

Después de aquello repitió el ritual sistemáticamente, y cada vez que se encamaban le dejaba 50 pesos al lado de la cama. Ella soportó la humillación durante años. Tuvieron hijos que el llamó bastardos. Pero después llegó la crisis, con ella la pérdida de trabajo, y él ya no pudo seguir pagando la humillación que había inventado. Entonces, solo entonces, ella se fue.

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