Taxi dancing in the streets.


Hoy sale post inspirado en una historia real, y tan real que ocurrió hoy a la mañana, tipo 10,45 y me costó $15,08. En este blog hemos hablado mucho de lugares ideales para escuchar música, pero nunca tocamos al taxi. Medio difícil si los hay para colgarse cancioneramente. Básicamente porque tiene a uno de los mayores enemigos del disfrute viajero y musical: el taxista. O porque es dueño de una verba incontenible, derechista y estridente, o porque escucha música de dudoso gusto (aunque hay que reconocer que el taxista viejo, amante de la música clásica, garpa), el taxi es anti disfrute de canciones. Pero siempre hay una excepción a la regla. Y esta logró alegrarme tanto la mañana que me pareció buena idea compartirla con ustedes. Para que no pierdan las esperanzas y se hundan en sus auriculares, Angry Birds o en los mails oficinistas, acá va esta historia musicalizada por el clásico Dancing in The Streets.

El taxista que me tocó era de los buenos. Con códigos. Me vio cara de preocupado o de poco amigo de las palabras y sólo se limitó a colocar su dial en el 95.9. Ahí estaba Cual es?, el programa de Mario Pergolini, que tiene una orientación rockera clásica que no es muy afín a mi oído. Pero sólo bastó ese arranque movedizo y ochentoso de Van Halen con su versión del clásico de Martha & The Vandellas para que las 20 cuadras fluyan como tienen que ser. Tanto taxista como yo moviendo la cabeza, con los dedos pegando en el aire y cerrando con los ojos con dolor cuando asomó el punteo filoso del gran Eddie. Todo dicho. Ni en pedo escucho o me bajo ese tema, pero era el soundtrack indicado para ese momento caluroso y con tráfico en la ciudad.

Pagué el viaje y emprendí la entrada al trabajo con la seguridad de que hay taxis amigos de las canciones, y que sólo hay que levantar el dedo para encontrarlo, y meterle un cuerno para ver si entiende de qué va la cosa.

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