El Houseman del Tango, por Ivan Dessau.


Prólogo;
¿Qué es lo peor que te puede pasar en un concierto? Espacio libre de nachos fundidos en plástico "amarillo" con olor a cheddar. En un concierto nadie abre un envoltorio de chocolate, porque nadie lleva un chocolate a un concierto. El celular sí. No está bueno estar escuchando el áspero encanto de un violín y que a alguno se le active un ringtone de Los Piojos a todo volumen. Pero hay algo peor que el pánico a un celular con Damas Gratis. A Iván le pasó.

No es que no me agrades, pequeño niño
ni que sea un insensible al que le falta cariño
o que carezca de tolerancia, o una mínima paciencia
o que no comprenda tu inocente sapiencia
es sólo que preferiría escuchar cómo gritas
en una plaza, un pelotero o una calesita
y no aquí, en medio de un teatro
en el show de Melingo, el Houseman del tango.

No tengo nada contra ti, niño querido
pero en lugares como estos tú deberías estar prohibido
porque he venido a escuchar canciones de la noche
de tristes marginales, de lisérgico derroche
y todo ese imaginario se me va por la borda
al oir tus gritos que distraen y estorban
porque, sabes niño? no he venido a escuchar tu llanto
sino a Daniel Melingo, el Houseman del tango.

Y a ti, estúpida madre de tan irritante cría
que miras con cara de vaca todas sus monerías
que crees que a los demás nos irradia el mismo amor
que no entiendes que tu niño sólo debería ver a pipo pescador
a ti te digo, imbécil harpía, que si esta escena fuese una milonga
debería sacar mi faca y acabar con la conga
porque tú eres la única autora del crimen
tú has logrado que mis nervios se arruinen
tú has impedido que disfrute tan bello canto
porque he perdido mi tiempo pensando y pensando
en una y mil maneras de asesinar a tu santo
y no en disfrutar a Melingo, el Houseman del Tango.


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