Primera vez, por Ivan Dessau


Pasa el tiempo y las sorpresas son cada vez menos sorpresivas. ¿Cómo combatir a ese implacable monstruo llamado aburrimiento? La respuesta parece difícil pero no lo es. Simplemente hay que volver a buscar la primera vez. De lo que sea. Tengo guardadas en mi memoria miles de primeras veces. Buenas, muy buenas, malas y patéticas. Pero siempre imborrables.

El primer amor

Preescolar. Pequeño acto en el Jardín. Una de las maestras llama a una nena de sala naranja para que pase al frente. La nena avanza en cámara lenta. Música de cellos. El pelo negro ondeando como un océano. Simplemente quedé encandilado ante tanta belleza. Mientras la miraba, con la plena conciencia de que cualquier tipo de acercamiento sería imposible, supe que esa admiración anónima era la definición más genuina de lo que conocemos por amor. Todo lo demás, pura redundancia.

La primer canción


La primer canción que me caló hondo se llama Chuva de prata y es de Gal Costa. Yo no tenía mas de 5 años. Inolvidable ver a mi vieja sacando el disco de pasta y escuchar el sonido de la púa rozando el disco, crujiendo como un huevo frito. Esa voz en un idioma incomprensible me hizo entender al nivel más profundo hasta dónde es capaz de llegar una buena melodía.

El primer choreo

O intento de choreo, mejor dicho. Andaba con la bici por la vereda, un pibe me frena diciendome al oído, dame la bici o te rompo la boca. Mi primer contacto con la violencia fue eso, el deseo de alguien queriendo lo que no tenía y yo sí. Puro terror burgués. Otra vez la heroína fue mi vieja, la llamé con todas mis fuerzas y el pibe se esfumó. Muchos años después, ante el primer mal de amores serio, ya bastante grandulón, volví a llamarla y el dolor, al menos por un rato, tambien se esfumó.

El primer partido de fútbol


Primer grado. Recreo. No tuve un padre muy futbolero, asi que desconocía las reglas. Tomé la pelota con la mano en mitad de la cancha y recibí una durísima condena colectiva. Al día de hoy sigo cargando con ese rechazo.

Esta selección arbitraria no es más que una pequeña muestra del poder de la primera vez, de la forma tan emotiva en que surca nuestra memoria. Por eso les dejo, nos dejo, una pequeña sugerencia. Si ya quemamos muchas primeras veces, inventemos nuevas. Un salto en paracaídas, un plato desconocido, una droga extraña, un instrumento difícil, un viaje exótico, una posición sexual incómoda, un hobby inútil. Lo que sea. Variantes sobran. Lo que no sobran son postulantes. Volvamos a disfrutar de la primera vez. Siempre será mucho más recordada que la última.

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