Se dice de mí: Roger Waters en Argentina


The Wall Live tiene una virtud incuestionable: de mínima cumple con todas tus expectativas y en la mayoría de los casos las supera. El show es impecable, abrumador y te queda todo cargado en los hombros. No te enterás hasta el intervalo donde recién te deja relajarte y frenar un poco la cabeza. Es mucho el estímulo, es mucho el sonido, es mucho todo y está bien. La obsesión floydeana por el sonido y la estética es inclaudicable en cualquiera de sus miembros y sus formas. Y sí, esto no es Pink Floyd y "el que hace de Gilmour no es Gilmour" y no, claro que no, esto es Roger Waters porque esto es 2012 y esa discusión no tienen mucho sentido. Si lo ves así diría que The Wall Live se garpa la entrada que hayas pagado.

Después sí van llegando los cuestionamientos ¿Qué hacemos, seguimos creyendo en las consignas políticas del rock? Cómo leemos el "mother sould i trust the government?" de Mother con la foto presente de Waters con Cristina en La Rosada. No sé siempre se puede apelar a la ambiguedad del mensaje del rock y si te sirve bien, pero nadie podrá reclamarle a Rogelio que no sabía a lo que iba. Esta es la historia de un tipo que perdió tempranamente a su padre en la guerra, un fóbico empedernido que siempre cuestionó las formas de organización social. Todas, la guerra misma, la educación, la tele, el consumo, la masividad y de cómo se hizo millonario exponiendo sus miserias. Todo forma parte de este inolvidable show que presenciamos. Este es un compilado de lo que pasó con el ladrillo que nos pegó en la cabeza a los argentinos este mes de marzo.



Foto: AFP

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