El power del tributo


Por Nicolás Camiña

Hace unos pocos miles de años, en la Mesopotamia iba surgiendo la escritura que llega hasta nuestros días, la cuneiforme, la que se grababa en tablas de arcilla fresca con el tallo de alguna planta. La escritura estaba reservada a quienes ejercían algún cargo en aquel incipiente Estado, y a los funcionarios que llevaban la contabilidad y cobraban el tributo: la parte de la producción que cada campesino debía entregar para mantener a los sectores dominantes, que no realizaban tarea productiva alguna.

 Hoy escribimos y tributamos de manera muy diferente. Sentado frente a la pantalla, tecleo sobre mi aventura del último domingo; y el tributo lo rinden los propios músicos a uno de su misma casta.

Previo arreglo de cita por mail, llego a la sala de ensayo donde me espera El Coche Negro. Una banda que surge con un único objetivo: tocar los temas de Cienfuegos. No dejar que la tras separación de la banda su viva música se diluya en la nube ni quede atrapada en mp3s, sino que siga viviendo en una sala de ensayo, arriba de un escenario, con riffs pegadizos, y una batería que nos acerque en todo momento al punk-rock.

Toco el timbre y me dejan pasar. Luego de subir una larguísima y oscura escalera, me encuentro con los chicos. Charlamos en la antesala, tomando la primera cerveza de la tardenoche. Nico y Gastón se conocen de los shows de Cienfuegos. Andrés los va a ver desde que tiene 13, lo llevaba Gastón, quien revisaba los suplementos jóvenes de los diarios para ver cuándo tocaban. Alan no conocía a la banda a la que ahora tributa, y es el último que se suma al proyecto: tiene sus raíces en el punk, y viene de tocar en Los Ojos de la Pastora. Sale la banda que estaba ensayando. Deja la sala quince minutos más tarde, con el tufo clásico que pide piedad y airear la sala mientras se afina y se van ajustando los volúmenes.

Apenas se separa Cienfuegos surge la idea del disco tributo. Pasa que Nicolás trabajó con ellos, fue su último Manager. De aquella época llegó a conocer lo que iba a ser su cuarto disco de estudio, cuyos temas ahora quizás forman parte de El Siempreterno. La idea del disco se transforma en acción, y en una semana recibe material de veinte bandas interesadas en sumarse al proyecto del tributo. Los temas van saltando de disco en disco, mientras me dejan tomar algunas fotos, y otra cerveza riega el ensayo que continúa buscando los volúmenes adecuados, subir el bajo, bajar la voz. Me pierdo en el solo de Moonage Day Dream: sería una especie tributo en tercer grado, y esos casos en que el cover deja a la versión original pintada (perdón David).

Desde la sala se ve la avenida doble mano. Los transeúntes que caminan entre los escasos coches y colectivos, desconocen que aquí arriba El Coche Negro espera para grabar su tema en el tributo (o quizá, como son los que producen, graben dos), mientras se preparan para tocar en octubre en Padua y en Buenos Aires. Allí estaremos.

Cienfuegos tributa a Bowie

   
El Coche Negro tributa a Cienfuegos

 

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