John Merrik, por Ivan Dessau


Hay canciones que podrían ser escuchadas como obras de teatro. “John Merrik” es una de ellas.

“John Merrik”

(Abre telón, estamos en una casa vieja, piso de madera, muebles antiguos, un piano y una guitarra en escena. La luz tenue, blanca y azul.)

Piano (con tono nostálgico): Hoy me siento…extraño…(fuma su pipa, mira por la ventana)

Guitarra (más joven e inmadura. Trata de interrumpirlo, aunque sin éxito, el piano está concentrado en sus pensamientos): P-porqué? P-porqué? _ P-porqué? P-porqué? P-porqué? P-porqué?

Aparece John Merrik, flaco, alto, tiene gomina, un habano, y un whisky en su mano. Solo está vestido con calzones largos a lunares rojos. Apoyando su mano en el hombro del piano, le dice al oído: No hay razón para correr así, en mí…

(Guitarra camina hacia atrás, tipo moonwalking, se acerca hasta el piano y le da la razón a Merrik)

Merrik: El color, la luz, el sol… no sé si soy capaz…

En ese momento, luces violetas rojas, negras y amarillas iluminan todo caóticamente. Aparecen en escena un grupo conformado por un rider que toma de rehén al piano, una trompeta que trompea a la guitarra, y atràs de ellos aparece un bajo, un saxo, un sintetizador, rompen todo lo que encuentran a su paso. Parecen del clan de Charles Manson, bailan desnudos y excitados una danza maldita, gritan y sacan espuma por la boca, copulan entre ellos, transpirados y desencajados.

(Ante esto, Merrik se escapa por la ventana). Luego la luz se torna completamente amarilla y aparece una batería completa que toma al rider, y con cariño, lo suma a su familia de redoblante, bombo y hi hat. El bajo se acerca a la batería, y bailan una especie de tango, perfectamente coordinados.

Ante esta calma, Merrik vuelve desde la ventana, ahora también tiene un moño y una flor de juguete y la sopla para mover los pétalos. Nos dice Merrik: (avergonzado) Debo agradecer lo bien que me han tratado aquí…

Trompeta, batería y bajo hacen gestos de sorna detrás de él, como poniendo en duda lo que está diciendo. Pero lo dejan seguir.

Merrik: …antes de dormir, sabré que al fin soy tan normal….normal…normal. (mientras dice esta palabra pone los ojos en blanco.

Luego toma una maleta, saluda al público y sale por la puerta haciendo la vertical)

Cuando sale Merrik entra una guitarra, se para en medio del escenario. Una luz naranja la ilumina y nos dice con voz muy calma:

Guitarra: El sabía que su lengua era feroz… sabía que podía sentir cada cosa que dijera, aunque fuera tarde. Aunque nunca supiera bien qué quería decir. Pero así lo ves, cantando más allá de la lluvia, más allá del sol, más allá de los planetas que nunca quieran chocarse, más allá de la flor, más allá de la luz, más allá de su dios, más allá del amor, de las hojas y de las putas fiebres. Ahí está, dejalo que vaya dondequiera, donde no sepa, donde no lo sigan, donde no necesite ser seguido, ni tampoco seguir a nadie, más que a su camino que deja de ser camino para convertirse en camino que rueda entre piedras y lo hace subir y bajar, bajar y subir, subir y bajar, bajar y subir, subir y bajar, bajar y subir…

 El escenario queda lentamente a oscuras. Cierra telón.

 

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