Calamaro y su patada en el culo


Por Ivan Dessau

En este encierro planetario, con mucho tiempo al pedo, descubro que los edificios son la nueva red social. Cada ventanita es una foto, un video o hasta un meme involuntario, torpe, grotesco. Y quizá por eso, me gusta mucho más observar los edificios que las redes sociales, que siempre muestran la mejor cara del mundo. O al menos, la que el mundo quiere mostrarnos. Amable y combativa. Sensible y solidaria. Humanista y comprometida.
Buenísimo todo.
Buenísima también la actitud de casi todos los músicos, que han hecho sus live streaming compartiendo su arte.
Se valora el gesto.
En serio.
Hasta que llega Calamaro.
Llega Calamaro y les da una patada en el culo (y de paso una lección de rock) a todos sus colegas.
Llega Calamaro y nos demuestra que no hay nada más aburrido que la corrección política, bonita y educadita.
Calamaro se filma fuera de plano, lanza frases de antología (“creí que el fin del mundo tardaría un poco más”), descansa a un boludo que le comenta que está dopado, nos comparte su gaseosa y su queso y casi que olemos su silencioso eructo.
Pero sobre todo, Calamaro nos da arte.
El arte verdadero, el que incomoda.
Calamaro convierte su live en un karaoke delirante.
Y su karaoke delirante, en un ayudamemoria para que no olvidemos que sigue siendo El Salmón, 
el mismo que en un encierro legendario compuso una quíntuple obra maestra.
Calamaro también sabe que los edificios son la nueva red social.
Y nos abrió la ventana para que espiemos su auténtica locura.
No podemos menos que agradecerle.


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